miércoles, febrero 27, 2008

El azúcar en Matanzas

Después de 25 años de investigación, Alberto Perret Ballester se sentó frente a la computadora y empezó a ensamblar “la barbaridad de cosas que había acumulado”, hasta que logró terminar su libro El azúcar en Matanzas y sus dueños en La Habana (Editorial de Ciencias Sociales.
El tema lo había fascinado desde su misma infancia, pues creció en Unión de Reyes en las proximidades de un central y, por tanto, supo bien de cerca lo que era eso, el azúcar, y todo lo que implicaba para el ser humano. Así que un buen se lanzó a profundizar en el tema y realizó una impresionante búsqueda informativa apreciable a simple vista en su texto, que se inicia a mediados del siglo XVI, con la llegada de las primeras cañas al territorio, y culmina con datos de 1992.
“La historia del azúcar en Matanzas está muy relacionada con el propio desarrollo integral de este lugar, puesto que debido al auge que tuvo esta industria Matanzas se fortaleció hasta llegar a convertirse en puntal del avance económico de la nación”, dijo Perret en la Oficina del Historiador de la Ciudad de Matanzas, tras realizarse la presentación del volumen, a cargo de Urbano Martínez Carmenate.
“Lo ilustra el hecho de que Matanzas fue la provincia que más azúcar fabricó en el país durante casi todo el siglo XIX. Llegó a totalizar más del 50 por ciento de la producción nacional, cuando ya Cuba se consideraba el primer fabricante mundial de ese producto.”
Durante la presentación, Ferret dialogó en torno a esos aspectos con Esteban Lazo, miembro del Buró Político del Partido, y con el novelista cubano Miguel Barnet, ambos sumamente conocedores del tema.
El azúcar... tiene una muestra iconográfica de 340 fotos y grabados, y un copioso apéndice con un mapa de los 618 ingenios que localizó en el territorio en esa etapa. Su autor destaca de manera especial las muchas curiosidades que se generaron a partir del desarrollo de la producción azucarera en esta zona, como el hecho de que fuera aquí donde primero se instalara una máquina de moler que funcionaba con vapor (en el ingenio Ácana, de Sidra), y la visita de un príncipe ruso, hijo de Nicolás II, al ingenio Las Cañas.
“Matanzas es una tierra de azúcar, estudiar eso me ha ayudado a comprenderla más”, dijo.

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